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viernes, 8 de enero de 2021

Hans Zimmer - Time | Especial 2000 Suscriptores en Youtube

 ¡Llegamos! 2000 suscriptores en Youtube en un año de intenso trabajo. ¡Gracias a todos y todas! Lo prometido es deuda, les dejo el link de Drive para descargar el Proyecto de Reaper y los archivos MIDI tal como se ven en el video: Proyecto + MIDI






G.-

miércoles, 28 de agosto de 2019

El día de la fecha

Hoy es uno de esos días en los que querés que deje de haber días,
donde las cosas se amontonan en tu living
y no sabés dónde ponerlas
o como si fuera fácil
soltar lo malo.

Hoy es de esos días
donde todo parece más difícil,
perdemos el rumbo de la costumbre
y vamos a encontrarnos con desvelos nuevos
que nos quiten el sueño y las ganas de ser todo lo que queremos.

Pero lo importante es que te veo
y ya no me sonrojo ni tiemblo,
tan solo intento ser mejor
que el agua del florero,
el dolor de tu cuerpo.

Nos arrimamos
de a poco, como la hora
de vernos alejarnos otra vez,
justo cuando empezaba a entender
que vos y yo somos lo mismo, con distinta piel.


@gaborossini



sábado, 8 de diciembre de 2018

Resaca de domingo por la mañana



Todos nos aventuramos en las penumbras de nuestra conciencia con el fin de desencadenarnos del dolor y de todo lo que nos pueda hacer mal. Sin embargo, muchas veces nos encontramos con ramificaciones y altibajos que socavan nuestras intenciones. Es en ese momento cuando ingresa la música, nos libera y nos invita a luchar por lo que mas queremos.

Estas palabras quedarán arrojadas al vacío, como cualquier atisbo de acercamiento que pueda desenmarañar desde mi cabeza hasta mis manos. 

Quién sabe si alguno de estos días, alguna de estas noches, nos veremos otra vez.



G.-

martes, 13 de noviembre de 2018

El día en que conocí a la Tota Santillán

El domingo pasaba como resaca, azaroso en su andar, predilecta jornada de reminiscencia y redención. Después del típico asado (en su versión reducida, al horno, sin ensalada ni achuras, debido a la crisis que azota este suelo nuestro), me dediqué a observar la nada. Es curioso que uno se encuentre en ese estado en el que no pasa...Nada. Vivimos tan eufóricos y tan en "el momento de la cosa" que se nos pierde de vista todo lo que no es efímero o instantáneo: el aleteo de un colibrí, el canto silencioso de un malvón, la sombra taciturna del parral o la quietud inquebrantable de tu mirada.

A vos, que mirás estas palabras como desnude, como desvestirse, como inmolarse en el silencio, o en el hastío, o en las mil y una cosas que se te pueden cruzar por la cabeza. A vos, que pensás que no hay nada, cuando en realidad lo está todo. A vos, que sin miedo a perderte una y otra vez en vos mismo, respirás profundo, te levantas del sollozo mortuorio de tu cama y te dignás a intentarlo una vez más.

Eran casi las cuatro de la tarde y con T. buscábamos un lugar por Ramos donde sentarnos a tomar algo y charlar sobre unos libros. Lo que me da pie para declarar que existen varias formas de zafar un domingo atacado por la tormenta primaveral y el odio de estos tiempos: una birra (o dos, o más), mucha música, unos versos al aire, un superclásico, la Tota Santillán. Y más aún cuando todo eso ocurre al mismo tiempo, en el mismo lugar.

Era imposible escapar de la devoradora de esperanzas: en todo espacio físico accesible había una televisión transmitiendo el partido de Boca - River. Mas, ¿para qué escapar de un superclásico cuando podemos fundirnos con él y sacar provecho de su existencia?

Decidimos entrar en un bar que estaba ubicado en una esquina, luego de haber girado por algunos otros lugares sin mucha suerte. La planta baja estaba llena de adultos mayores, tomando café, con mucho calor. El ala derecha del entrepiso estaba llena de hinchas de uno y otro bando, mientras que el lado izquierdo estaba casi vacío, hacia ahí nos dirigimos. La ventana daba a la calle y se podía apreciar cuán opaco podía ser un día de esos en los que una combinación grotesca de eventos hacen que una ciudad cosmopolita se convierta en un pueblo fantasma. Por los altavoces relucía la voz inconfundible del típico relator de partidos de fútbol, con sus ademanes de proeza heroica y su benevolencia patriarcal hacia las jugadas de menor vuelo.

Con T. teníamos mucho calor. La humedad calaba hondo en el alma y en nuestros cuerpos. Aún no eran las cinco de la tarde para aprovechar una promoción de litro, eso a lo que popularmente llaman happy hour. Así que decidimos esperar la contienda etílica con una botella de agua para los dos. True story.

Sacamos un libro, sacamos otro, anotamos qué íbamos a hacer, qué íbamos a decir, cómo nos íbamos a deconstruir y cómo de ese menjunje haríamos un hermoso trabajo juntes. Más temprano que tarde, habíamos resuelto todo. Sabíamos lo que había que hacer y cómo hacerlo (o al menos eso creíamos y ya era suficiente). La verdadera charla comenzó después, cuando ya no había ademanes advenedizos ni comentarios fugaces. El partido ya había terminado y por los altavoces sonaba la inconfundible voz de Bob Marley. Discutimos un rato sobre eso. Intentamos averiguar qué tema era y lo diferenciábamos de otro. Lo inconfundible era la persistente, inclaudicable guitarra rítmica que marcaba con fuerza los contratiempos del reggae.

La deconstrucción del amor romántico fue un tema clave en nuestro mitín. Somos vidas marcadas por nuestras formas de ver el mundo y sobre todo por cómo queremos incidir en él. Su perspectiva de transformación de la realidad me pareció simplemente hermosa, sincera, total. Admito que me quedé sin palabras. A la crudeza de una realidad sin igual le opuso la esperanza más firme y convencida en la transformación de lo que está como está.

Volvimos a la música sin habernos ido nunca y tanto la mirada almibarada de T., como sus palabras, fueron taxativas: "Como músico, uno es como es". Se desnuda ante el resto. Se muestra de la forma que es, esencialmente. Y muchas veces ese grado de exposición profundo que provocamos con nosotros mismos, no es percibido. Sin embargo, confío en que es un acto de transformación y de justicia poética nuestra labor en y con la música.

T. se levanta para ir al baño. Vuelvo a mirar por la ventana, la noche cayó sobre nosotros y la gente salió a la calle. En eso, entra un hombre corpulento y se sienta en uno de los sillones que estaban a mi derecha. Cae con dos tipos más y una mujer. Su voz, sus ademanes y su andar eran inconfundibles. La Tota agarra el teléfono y se pone a hablar casi a los gritos sobre un programa o una obra policial, no sé, por un momento pensé que hablaba de él mismo cuando decía "yo nunca caí preso, hermano. Estoy limpio". Vuelve T., nos miramos queriendo creer en las casualidades del universo.

Terminamos la segunda cerveza y salimos caminando por la puerta principal.





G.-


martes, 30 de octubre de 2018

El faro de los perdidos



A veces nos perdemos y tardamos mucho tiempo en volver a encontrarnos. Nos acercamos al mar y vemos cómo el crepitar de las olas que rompen su formación contra la arena de la playa nos convocan a zambullirnos y olvidarnos de todo.

Sin embargo, siempre aparece un faro. A lo lejos. A veces pequeño y casi invisible, a veces sin luz. De todas formas, ahí está, y es nuestra tarea buscarlo, reavivarlo y salvarnos de la tempestad.

Disfruten esta nueva música que hice. Que tengan un buen día.


G.-

jueves, 1 de febrero de 2018

Un día en Buenos Aires

Veo en las luces nocturnas de la gran ciudad el recuerdo firme de todo aquello que somos: seres etéreos en medio del devenir constante de las cosas.

De vez en cuando pensamos en el amor, de vez en cuando pensamos en el mar, de vez en cuando pensamos en el dolor y de vez en cuando pensamos en actuar.

Mas, si fuera posible que estas palabras te hinchen el corazón y te animen a lograr tu cometido, entonces, hermano, las luces de la ciudad iluminarán el poniente tal como el sol cae impertérrito sobre nuestras cabezas en el día a día.

Si alguno de estos versos pueden conmoverte, algo en vos todavía respira, mas no porque sea palabra mía, sino porque son sentires nuestros.

Y cuando estés sólo o sola, de noche o de día, tiritando de frío o de miedo o de dolor o de encierro, nunca olvides todos somos uno en este juego y que hombro a hombro romperemos las cadenas del entierro.




G.-

viernes, 13 de octubre de 2017

¿Dónde estoy?

¿Dónde estoy?
Ya no lo estoy.
Ni donde estaba, ni donde debería estar.
Me fui.
Ya no estoy.
¿Dónde estoy?

No me busques
porque ni yo puedo encontrarme,
ni en los balcones,
ni en los jardines,
ni en el suelo,
ni en el aire.
¿Dónde estoy?

No hay peor pérdida que la del sentido,
porque no sabés dónde estás,
ni a dónde vas,
ni qué querés,
ni porqué.

Y sin embargo,
todos están ahí,
todos te preguntan por hoy o por ayer,
a nadie realmente importa lo que sea,
lo que importa es que no te importe importar,
porque a nadie importa lo que realmente va,
sino lo que fue o lo que debería ser.

Kant ganó.
Todos perdimos.
¿Dónde estoy?

jueves, 23 de marzo de 2017

Quebrado

(Instrucciones de lectura: reproducir el tema que se comparte más abajo,
para que juntos compartamos la osadía
de vernos las caras ningún día,
todos los días de la vida).


De pibe creía que uno estaba condenado a repetirse incansablemente. Suponía - más o menos erradamente - que nuestra vida pendía de un hilo, como esos con los que las moiras entretejían el todo, plácidamente sentadas en medio de la nada. A veces me costaba creer que la vida soñada fuera para pocos, que no eran ni los míos ni los otros, sino "algunos" que allá a lo lejos se iban de vacaciones o acá a lo cerca se ufanaban de algún chiche nuevo. Qué triste, ¿no? Bueno, a decir verdad, no lo fue tanto. 

A veces me siento en el balcón, sólo, y miro el cielo, miro el Hospital a lo lejos, veo pasar unos gorriones o palomas o lo que sea revoloteando cerca de mi sien, anclándose en un hueco de la medianera que da con un auditorio. Me tomo unos mates, sea verano o invierno, sea que esté dormido o despierto, sea que estoy o me voy, sea que me refugio en mi soledad o sea que huyo de mi verdad. La vista que tengo desde esta altura no puede ser más que reconfortante. De hecho, es una vista muy agradable.

De pibe creía que vivir en las alturas tenía su gracia. Ver las casitas desde lo alto, sentir que los pájaros son más humanos o los humanos más animales, escuchar los sonidos de la gran ciudad bajo el ventanal, ver una columna de humo que se eleva en vuelo triunfal y asimismo escuchar la sirena de los bomberos que se va desafinando conforme se va alejando. Creía que, como todas las otras cosas que hacen a la vida, representaba un deseo privado de mí, o un yo privado de desear aquello que solo podía anhelar como lejano, como imposible, como irrealizable.

¿Alguna vez sentitste que el cuerpo se te escapa del alma? No, esperá. Era al revés: ¿Alguna vez sentiste que el alma se te escapaba del cuerpo? No hablo de viajes astrales. Hablo de tu recuerdo de un pasado mejor anclado en el presente, aún a riesgo de saber que no todo pasado por pasado fue mejor, y que incluso hoy, en este manojo de inquietudes, inseguridad, desvelos y desasosiegos, aún vale la pena. Aún valemos la pena. Aún valgo la pena. En medio de esta sempiterna modestia de bajar desde el colectivo hasta el individuo, o desde el bondi hasta la puerta de mi casa. Siempre se convierte en un trance interminable, justamente, porque es un trance... Y en medio del devenir soy fuego, me deshago de mi nostalgia y cabalgo fuerte y sin reparos hacia el abismo de lo desconocido, esperando encontrarte ahí, sosteniendo un deseo en una mano y tomándome de un brazo con la otra, sólo para empujarme hacia adelante y caminar junto a vos.

Como dos gotas de agua que se deshacen en el hastío del existir sin remedio, yo espero verte cruzar el umbral y que me digas que aún hay tiempo. Siempre hay tiempo. Incluso en ese momento en el que te quedás colgado de la tarde, viendo cómo el sol se esconde tras los árboles y edificios que a lo lejos parecen más arrogantes que los destellos de luz que de a poco dibujan toda clase de colores por entre las nubes, y que duran solo un instante, y que se caen desde el cielo hasta golpear los techos donde ladran los perros y los gatos se pelean y se me piantan varios lagrimones creyendo que lo hermoso de esta vida aún está ahí afuera, donde el sol hace su gracia, donde los presagios se vuelven hipótesis de cualquier entierro prematuro y en donde todavía es posible que todo aquello que deseamos se deshaga - irremediablemente - entre nuestras manos, como los copos de ceniza que las bombas o los volcanes arrojan sobre nuestras cabezas, como la escarcha en pleno invierno se derrumba bajo nuestros pies o como la arena que pasa de un extremo al otro en un reloj.




G.-

viernes, 16 de septiembre de 2016

Incondicional

Podría tocarte como toco la luna,
podría tocarte como toco las noches,
podría tocarte como toco la cima
aquellos días en los que la quietud camina.

Podría devolverte la vida,
podría arrancarte las vestiduras
de solo mirarte,
de solo decirte,
de solo musicarte.

Podría vivir y vivirte,
encontrar y desencontrarte,
nacer y morir,
como el alba a la noche difumina.

Y sin embargo,
anochece y tu tez blanquecina
se zambulle en el regazo de la noche,
como el zorzal canta a la vida.

La única condición posible
es la no-condición,
porque en todo lo condicionado
esta tu sonrisa irredenta para derribarlo.



G.-


domingo, 17 de julio de 2016

A solas con mi noche - III -

¿De qué va la angustia
si no hay nada por lo qué angustiarse?
¿De qué va dejar de ser yo
cuando lo que importa es no dejar de serlo?
¿Cuántos anocheceres negros bastan
para encauzar las ideas que a marea alta penetran?

Todos los relojes se detienen a la misma hora,
en el mismo momento,
en el mismo incienso,
en la misma tez velada de pasión.

Todas las deshoras del día
se convierten en paredes
mortíferas paredes,
donde solo el sol penetra.

¿Cómo logro llegar hasta tu antepenúltimo recuerdo,
sólo para pensar que no existe,
sólo para sentir que no vuela,
sólo para imaginar que no camina,
el de los ángeles alicaídos que el crepitar de las hojas dilucida?

Siempre amanece del mismo lado,
siempre me recuesto sobre el mismo piso helado,
siempre hago a un lado los tugurios de la mala memoria,
siempre busco respuestas donde no había preguntas.

¿Cómo enajenarse uno
y serse propio,
convirtiendo en invulnerable
todos los momentos del proscenio?

La vida es un pedazo de papel crepé,
no hay vuelta que darle 
y yo sigo buscando un poco de luz, 
ahí donde todas las oscuridades caben.



Imagen: Brassai


G.-


domingo, 12 de junio de 2016

Cómo

Cómo se deshilacha la vida
a medida que el tiempo se vuelve escarcha
y tu rostro almibarado
golpea la vitrina de los recuerdos.

Cómo pasan las horas entre velos y desvelos,
cómo se desvanece la arena entre mis manos,
cómo veo pasar las nubes etéreas entre las sábanas,
cómo.

¿A qué hora amanece,
cuándo, cómo, dónde, por qué,
si la vida es un crisol de esperanzas,
la experiencia nos juega malos recuerdos?

Cómo veo pasar el rio manso,
transitando toda su tempestad,
haciendo de su transparencia mi salvedad,
recordando y acuñando cada desgarro.

El fin de los tiempos nos encuentra solos,
los pisos por encima y por debajo se aplacan,
los relojes marcan la hora del entierro
y siempre quiero creer que aún es enero.

No bastan todos los otoños de este cielo
para sofocar las lágrimas de los bemoles quebrados
por la amargura de sabernos enteros
y desgarrados del mismo lado.

G.-

jueves, 24 de diciembre de 2015

Los amantes

Como ciegos se abordan,
se desbordan,
se besan desenfrenadamente
como si de las deshoras del tiempo
no hubiera más que el rubí de sus ojos
o lo opaco de su pelo.

Entre desasosiegos y melancolías,
entre la estela blanquecina del mar a horas del día,
entre manos desatadas y furias enardecidas
crepitan las hojas del ocaso de la desidia,
mi amor hecho trizas.

La tristeza resquebraja el alma
como la iniciativa aviva el fuego,
lo deja seco de tugurios
y abre agujeros en el suelo,
tal como abre las heridas
a la hora del entierro.

Los amantes se aman y desarman,
se animalizan y humanizan,
se hacen eco y se hacen dicha,
como las olas se hacen bruma
al momento de la cresta siendo orilla.



G.-

domingo, 1 de marzo de 2015

Venus

Desde la geografía incandescente de tu cuerpo
emana el perfume con el que amanezco a diario,
impregnado en mi piel de hielo petrificado
como en mi memoria henchida de presente.

Las horas se deshacen entre idea e idea,
entre desasosiegos y desplaceres,
mientras la quietud discordante de tu lejanía
pinta opacamente el tiempo.

La oscuridad inmanente de tu vértice me atrae,
como un crédulo pagano ignoro tu acecho
lleno de pasión y perseverancia,
lleno de alma y sábanas.

Sobran las palabras cuando acciones no faltan,
cuando tus labios de rojo carmesí
se funden con el atardecer de verano,
cuando nos miramos sin reparos.

Si apostamos a la vida como apostamos al amor,
que es lo mismo pero visto sin dolor,
juguémonos por lo nuestro y lo aquello,
por lo que somos y por lo que seremos / todos los fuegos el fuego.






G.-

domingo, 16 de noviembre de 2014

Amaneceres

Busqué en tus ojos una respuesta,
pero solo encontré mil verdades
de esas que calan hondo
como una gubia trabaja para mil ebanistas
y este terco ropero que piensa por mí
se aprisiona en la oscuridad.

No existo más que en sombras helicoidales,
no vivo más que para morir y renacer / siempre,
no pienso más que para dejar de pensar / te
taciturna e inquebrantable
tal como las montañas amenazan el avance del mar.

Dejé que mis lágrimas se confundieran con la lluvia
en el preciso instante en el que se asume la carga
de la divina / pulcra / y molesta exactitud
de ver el adormecimiento y el despertar del sol
desde un mismo lugar / siempre.

La luz del día
como las hojas corriendo delante del viento
y la oscuridad de la noche
como la serenidad de los árboles anclados al suelo / renace
la luz / la oscuridad / el viento / la serenidad /
los árboles caídos derraman su savia
tierna savia
sobre el pasto seco que amarra la vida / de un extremo
y la muerte / del otro
tal como mis manos se aferran a tu voz / alba.

G.-

lunes, 30 de enero de 2012

A solas con mi noche – II –


Me vino a la mente
el recuerdo de tu vejamen
como un estrepitoso manjar de melancolía,
como tierra árida
y derruida.

El bosquejo de tus labios
ha roto – otrora tiempo pagano –
los versos de mis hojas,
los destellos de nuestro desenfreno.

Ya no suspiro por las lágrimas caídas,
ahora
dibujo manchas en la pared
después
sólo queda el parquet marcado.

La cama está soltera
el cielo nocturno
nublado
tu semblante esparce olvido.

Los libros marcados por el recuerdo
lapidario y furtivo del pasado
socavan mi memoria
y la hacen estallar de palabras.

Tu erotismo está desnudo
y no pretendo ser tu abrigo
porque la tempestad ha pasado – indemne –
frente a mí.

En la soledad de la noche
con los barrotes entreabiertos
mi compañía escapa
y vuelvo a sonreír.

G.-

jueves, 30 de septiembre de 2010

Latinoamérica

Te golpean
¡Oh querida hermana, querida madre!,
esas espurias almas te atacan por doquier,
no te tienen compasión ni amor alguno.

Ellos no han sufrido
lo que tu fláccido cuerpo resistió
y no han probado nunca
darte amor,
sentirte redención
y hacer honor a tu sagrada geografía.

Mas convertirte en nada
y matarte por la espalda,
clavándote un puñal en el pecho
y ver esos papelillos color verde inglés,
observar tu mente que permanece indemne.

Ver ese rostro desquebrajado,
arruinado,
vituperado y maniatado,
como si ni un espasmo alcanzara para descubrir
esa mirada tenue,
profunda,
virgen,
esa mirada que ve y no sabe qué es lo que ve
porque no sabe, no comprende, no entiende
si lo que ve,
Es.

Y ella permanece inmóvil ante tanto desastre
que no fue culpa suya, ni mía, ni tuya,
acaso ¿qué es la culpa?
¿es un flagrante amanecer de reminiscencias?
¿o es acaso un espurio intento de nada?

Sentirte toscamente rellena por dentro,
y sentir el fuego abrasador que emana de tu pasión
de tus ojos de cristal transparente inocuo-incandescente.

Poder reescribirte y predecirte,
poder sentirte nuestra, y más allá de tu despojo
tu advenimiento ineludible hacia nosotros,
Latinoamérica.



NUNCA MÁS.
Pero saber que nosotros estamos
y nos paramos-amparamos-demostramos-hartazgo,
sentir esos papeles cayendo desde el cielo
¡Como si fuese dinero!
Incinerar esos papeles, compañeros, que no han traído más que hastío y desenfreno a estas tierras. Nos han exiliado de nuestro lugar. Hechémoslos al mar, hagamos triunfar a la solidaridad, la bondad, el amor, la alegría, el compañerismo, el SOCIALISMO.


G.-

domingo, 26 de septiembre de 2010

Carótida

Parece tan fácil llegar,
tan difícil de alcanzar.
Nos animamos a subir,
a escalar sin prejuicios.
Desde arriba se ve todo más claramente,
veo tus ojos
y tu rostro,
veo tus lágrimas rojas
color atardecer.

Me acerco al árbol,
no puedo subir
porque el ya bajó a mí,
yo ya estoy en él.

El ocaso solo me alerta de tu llegada.
Ahora estamos juntos, mi amor
ningún árbol se interpone ya...


G.-

sábado, 18 de septiembre de 2010

Como detective,
impertérrito,
te busco,
no te encuentro.

Me acucia el miedo a perderte,
me desvanece
la idea
de que,
algún día,
te vayas.

Te busco entre líneas,
entre libretos cinematográficos,
te busco entre azares,
entre plazas nocturnas.

Te busco bajo la noche,
luna brillante,
princesa permeable,
sensible.

Acaso esa oscuridad,
esa banalidad proveedora de miedo,
sea el resultado,
de buscarte.

Y esa oscuridad es luz,
porque,
todo el tiempo,
me invita a buscarte,
descubrirte.

Y ya no te busco,
no es necesario,
es innecesario,
ya te busqué.

Llegaste a mí,
llegué a vos,
llegamos a nosotros,
ya está.

Ser inasible,
inconmensurable,
qué tragedia la mía,
la de no alcanzarte.

Son solo vanas palabras,
masculladas,
una vez arrojadas,
a la palestra
con la que se pinta
nuestro amor.


G.-

Sueño, luego existo.

Bandoneón,
deja que mis manos te toquen,
déjame desprenderte,arrancarte,
bellas melodías.

Tan simple,
tan complejo
como todo eso.

Y solo te pido una cosa,
no me dejes solo,
en medio de tanto hastío existencial,
tanta nada sepulcral,
tantos héroes,
tantas tumbas.

Deshilachar ese fuelle,
fruncir tus extremidades,
oníricas por momentos.

Tangible pescuezo
de instrumento-forjador de sensualidad.

No pretendo transgredirte,
no pretendo alterarte,
no pretendo ser lo que sos,
no pretendo arrancarte de tu lugar.

Quiero ser vos,
no lo que sos,
sino lo que Sos.

Transpiro,
secreto pasión,
mas en vano resulta aquello
si aún tus planes no me abarcan ,
si aún tu inconmensurabilidad
no me detenta.

Tango feroz,
inexorable halito de pasión,
incontenible atracción,
fugaz interacción,
irreal,
inconcebible,
esencial.

No renunciaré nunca,
jamás,
a proclamarte mía,
jamás,
a sentirte mía,
jamás,
a dejarte de ser mía,
jamás.

A morir de angustia
por la culpa
de esa vil harpía,
no te dejaré.

Porque necesito esa música,
esa mística real,
esa sensación acongojante,
constantemente.

No es simple necesidad.

No es alteridad.

No es obsesión sin sentido.

Es amor. Sólo amor. Simplemente, amor. Te amo, amor...


G.-