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lunes, 22 de marzo de 2021

Astor Piazzolla: ¿Cómo hacer una Fuga? | De Bach a Piazzolla | Gabo Rossini

 Se cumplen 100 años del nacimiento del gran Astor Piazzolla. En su época fue querido y odiado por igual. Quienes lo defendían, decían que representaba la vanguardia, lo progresivo (como el rock y el jazz de los '70) y quienes lo odiaban decían que no hacía Tango y hasta que lo había deformado.

En este video analizamos la primera parte de su obra Fuga y Misterio, que apareció en la ópera María de Buenos Aires. Vamos a relacionarlo con el compositor barroco Johann Sebastian Bach y a explicar brevemente cómo se compone una fuga: la construcción de un tema, su reexposición, su modulación por distintas tonalidad, la construcción de un contrapunto y más.

Acá podrán ver el video y desde este link descargarse la primera parte de la obra, en la que se desarrolla el fugado, con cada uno de los instrumentos diferenciados: PDF Fuga y Misterio - Gabo Rossini 2021










G.-

viernes, 8 de enero de 2021

Hans Zimmer - Time | Especial 2000 Suscriptores en Youtube

 ¡Llegamos! 2000 suscriptores en Youtube en un año de intenso trabajo. ¡Gracias a todos y todas! Lo prometido es deuda, les dejo el link de Drive para descargar el Proyecto de Reaper y los archivos MIDI tal como se ven en el video: Proyecto + MIDI






G.-

domingo, 29 de diciembre de 2019

Reencuentros

Hace algún tiempo atrás solía escribir con mayor asiduidad. La continuidad entre palabra y palabra se me tornaba menos ociosa que ahora y un vendaval de oraciones sin freno se me atiborraba en la cabeza, listas para salir y plasmarse en un escrito. Sin embargo, ahora se me juntan muchas ideas al mismo tiempo, se apelotonan como queriendo salir y terminan por consumirse unas a otras. De esa síntesis medio rara, medio a los empujones, aparecen algunas cosas con claridad:

- Si algo sale mal, vale la pena repetirlo.

- Si algo sale bien, la alegría nos permitirá reintentarlo.

- Si algo se estanca, vale recordar que todo alrededor sigue fluyendo.

Porque, en definitiva, toda esa batahola de pensamientos que se dibujan como esquemas poco audaces en la cabeza, terminan siendo el caldo de cultivo para ideas más fructíferas. Ideas que se convierten en práctica. Porque no alcanza con la práctica del Pensar cuando uno es puro Hacer. Y si, como decimos hasta el hartazgo, uno es lo que hace, entonces podremos hacer cosas cada vez más detalladas, más pulidas, más hermosas y más placenteras. Pero no en el sentido del placer por el placer mismo, como el de esa idea maldita que anda dando vueltas y que nos dice que debemos disfrutar de y por todo. Y si quiero estar mal, ¿qué pasa? Y si necesito un momento de malestar, ¿qué pasa? Y si necesitamos hundirnos para renacer, ¿qué pasa? Creo que lo que pasa es el miedo. Y está bien que así sea. Porque, en definitiva, se trata de eso: de que el miedo pase y se vaya por el lugar contrario desde el que vino. Debe tener continuidad, como la línea del símbolo del infinito que no reconoce ni principio ni final, pero se sabe eterna en su perseverante andar, que no se limita a ser la Totalidad, sino más bien intenta dejar de ser lo que era, para comenzar a ser lo que quiera.


Imagen: Brassai

Así, en cada reencuentro con el escribir, aparece algo nuevo; asoman desde el alba nuevos horizontes que posibilitan que las ideas se reciclen o, mejor aún, se resignifiquen y logren forjar en mí y en vos (que ahora leés estas palabras) alguna conmoción, que nos muevan para algún lado, que nos permitan tejer los hilos de nuestro destino no escrito, para lograr que la inconmensurabilidad del hastío se convierta en un vago recuerdo de lo que nunca debió haber sido.

Luego de eso, nos reencontramos, una y otra vez, en el mismo lugar, de distintas maneras, siendo siempre lo mismo, pero no lo igual. Porque cambiamos. Ahora somos mejores. Ahora nos miramos a los ojos durante dos o tres segundos más y eso es la totalidad. Porque el Todo es la mirada, que interpela, que busca, que no encuentra, que sigue buscando, que incomoda y que se acomoda lejos cuando no sabe cómo dejar de mirar.


G.-


miércoles, 28 de agosto de 2019

El día de la fecha

Hoy es uno de esos días en los que querés que deje de haber días,
donde las cosas se amontonan en tu living
y no sabés dónde ponerlas
o como si fuera fácil
soltar lo malo.

Hoy es de esos días
donde todo parece más difícil,
perdemos el rumbo de la costumbre
y vamos a encontrarnos con desvelos nuevos
que nos quiten el sueño y las ganas de ser todo lo que queremos.

Pero lo importante es que te veo
y ya no me sonrojo ni tiemblo,
tan solo intento ser mejor
que el agua del florero,
el dolor de tu cuerpo.

Nos arrimamos
de a poco, como la hora
de vernos alejarnos otra vez,
justo cuando empezaba a entender
que vos y yo somos lo mismo, con distinta piel.


@gaborossini



viernes, 1 de febrero de 2019

Overture



Les traigo una nueva composición original, esta vez en piano solo y tocándolo para todes ustedes. Pasate por mi canal de YouTube y fijate los otros videos que tengo. En los próximos días estaré compartiendo otros más.


G.-

sábado, 8 de diciembre de 2018

Resaca de domingo por la mañana



Todos nos aventuramos en las penumbras de nuestra conciencia con el fin de desencadenarnos del dolor y de todo lo que nos pueda hacer mal. Sin embargo, muchas veces nos encontramos con ramificaciones y altibajos que socavan nuestras intenciones. Es en ese momento cuando ingresa la música, nos libera y nos invita a luchar por lo que mas queremos.

Estas palabras quedarán arrojadas al vacío, como cualquier atisbo de acercamiento que pueda desenmarañar desde mi cabeza hasta mis manos. 

Quién sabe si alguno de estos días, alguna de estas noches, nos veremos otra vez.



G.-

martes, 13 de noviembre de 2018

El día en que conocí a la Tota Santillán

El domingo pasaba como resaca, azaroso en su andar, predilecta jornada de reminiscencia y redención. Después del típico asado (en su versión reducida, al horno, sin ensalada ni achuras, debido a la crisis que azota este suelo nuestro), me dediqué a observar la nada. Es curioso que uno se encuentre en ese estado en el que no pasa...Nada. Vivimos tan eufóricos y tan en "el momento de la cosa" que se nos pierde de vista todo lo que no es efímero o instantáneo: el aleteo de un colibrí, el canto silencioso de un malvón, la sombra taciturna del parral o la quietud inquebrantable de tu mirada.

A vos, que mirás estas palabras como desnude, como desvestirse, como inmolarse en el silencio, o en el hastío, o en las mil y una cosas que se te pueden cruzar por la cabeza. A vos, que pensás que no hay nada, cuando en realidad lo está todo. A vos, que sin miedo a perderte una y otra vez en vos mismo, respirás profundo, te levantas del sollozo mortuorio de tu cama y te dignás a intentarlo una vez más.

Eran casi las cuatro de la tarde y con T. buscábamos un lugar por Ramos donde sentarnos a tomar algo y charlar sobre unos libros. Lo que me da pie para declarar que existen varias formas de zafar un domingo atacado por la tormenta primaveral y el odio de estos tiempos: una birra (o dos, o más), mucha música, unos versos al aire, un superclásico, la Tota Santillán. Y más aún cuando todo eso ocurre al mismo tiempo, en el mismo lugar.

Era imposible escapar de la devoradora de esperanzas: en todo espacio físico accesible había una televisión transmitiendo el partido de Boca - River. Mas, ¿para qué escapar de un superclásico cuando podemos fundirnos con él y sacar provecho de su existencia?

Decidimos entrar en un bar que estaba ubicado en una esquina, luego de haber girado por algunos otros lugares sin mucha suerte. La planta baja estaba llena de adultos mayores, tomando café, con mucho calor. El ala derecha del entrepiso estaba llena de hinchas de uno y otro bando, mientras que el lado izquierdo estaba casi vacío, hacia ahí nos dirigimos. La ventana daba a la calle y se podía apreciar cuán opaco podía ser un día de esos en los que una combinación grotesca de eventos hacen que una ciudad cosmopolita se convierta en un pueblo fantasma. Por los altavoces relucía la voz inconfundible del típico relator de partidos de fútbol, con sus ademanes de proeza heroica y su benevolencia patriarcal hacia las jugadas de menor vuelo.

Con T. teníamos mucho calor. La humedad calaba hondo en el alma y en nuestros cuerpos. Aún no eran las cinco de la tarde para aprovechar una promoción de litro, eso a lo que popularmente llaman happy hour. Así que decidimos esperar la contienda etílica con una botella de agua para los dos. True story.

Sacamos un libro, sacamos otro, anotamos qué íbamos a hacer, qué íbamos a decir, cómo nos íbamos a deconstruir y cómo de ese menjunje haríamos un hermoso trabajo juntes. Más temprano que tarde, habíamos resuelto todo. Sabíamos lo que había que hacer y cómo hacerlo (o al menos eso creíamos y ya era suficiente). La verdadera charla comenzó después, cuando ya no había ademanes advenedizos ni comentarios fugaces. El partido ya había terminado y por los altavoces sonaba la inconfundible voz de Bob Marley. Discutimos un rato sobre eso. Intentamos averiguar qué tema era y lo diferenciábamos de otro. Lo inconfundible era la persistente, inclaudicable guitarra rítmica que marcaba con fuerza los contratiempos del reggae.

La deconstrucción del amor romántico fue un tema clave en nuestro mitín. Somos vidas marcadas por nuestras formas de ver el mundo y sobre todo por cómo queremos incidir en él. Su perspectiva de transformación de la realidad me pareció simplemente hermosa, sincera, total. Admito que me quedé sin palabras. A la crudeza de una realidad sin igual le opuso la esperanza más firme y convencida en la transformación de lo que está como está.

Volvimos a la música sin habernos ido nunca y tanto la mirada almibarada de T., como sus palabras, fueron taxativas: "Como músico, uno es como es". Se desnuda ante el resto. Se muestra de la forma que es, esencialmente. Y muchas veces ese grado de exposición profundo que provocamos con nosotros mismos, no es percibido. Sin embargo, confío en que es un acto de transformación y de justicia poética nuestra labor en y con la música.

T. se levanta para ir al baño. Vuelvo a mirar por la ventana, la noche cayó sobre nosotros y la gente salió a la calle. En eso, entra un hombre corpulento y se sienta en uno de los sillones que estaban a mi derecha. Cae con dos tipos más y una mujer. Su voz, sus ademanes y su andar eran inconfundibles. La Tota agarra el teléfono y se pone a hablar casi a los gritos sobre un programa o una obra policial, no sé, por un momento pensé que hablaba de él mismo cuando decía "yo nunca caí preso, hermano. Estoy limpio". Vuelve T., nos miramos queriendo creer en las casualidades del universo.

Terminamos la segunda cerveza y salimos caminando por la puerta principal.





G.-


jueves, 1 de noviembre de 2018

Montaña con nubes | Composición original



Cuando llegamos a la cima de nuestros deseos, damos un paso de más y caemos de nuevo cuesta abajo. Como el mito de Sísifo, lo único que nos resta hacer es reintentarlo, una y otra vez, hasta que demos con la cantidad de pasos justos y ya no nos caigamos de nuestros sueños.


G.-

martes, 30 de octubre de 2018

El faro de los perdidos



A veces nos perdemos y tardamos mucho tiempo en volver a encontrarnos. Nos acercamos al mar y vemos cómo el crepitar de las olas que rompen su formación contra la arena de la playa nos convocan a zambullirnos y olvidarnos de todo.

Sin embargo, siempre aparece un faro. A lo lejos. A veces pequeño y casi invisible, a veces sin luz. De todas formas, ahí está, y es nuestra tarea buscarlo, reavivarlo y salvarnos de la tempestad.

Disfruten esta nueva música que hice. Que tengan un buen día.


G.-

jueves, 11 de octubre de 2018

Una tarde en Podestá con JB Walker

Av. Márquez y Av. Juan Domingo Perón. Pablo Podestá. Lunes. 17.13 hs.

La humedad comenzaba a subir y mientras hacía tiempo para entrar a dar una clase, pasé por una bar a tomar un café.

El frío se había ido de súbito ese día, cuando todavía faltaban dos semanas enteras para la llegada de la primavera. Como siempre, en estos lados del globo, nos adelantamos un poco a todo.

Al ingresar al café lo vi parado junto al mostrador, apoyado con su brazo derecho sobre la barra, hablando con Raquel, la señora que atendía el bolichito.

Tímido e impertérrito a la vez, me acerqué hasta el mostrador y con tono monocorde le pedí "un café, por favor". Antes de que pudiera avisarle que era para llevar, ella ya había tomado una taza y comenzó con el ritual inasible de preparar un café, cuyo procedimiento consta de posicionarse delante de una máquina de color plateado que expide vapores y ruidos similares al de los escapes de los colectivos de los '90.

De refilón, veo que JB me mirá. Tenía unos ojos graciosos, ecuánimes, como si esa tarde fuera la continuación ininterrumpida de una larga noche. Más adelante comprobaría que estaba en lo cierto.

- Buenas tardes, dijo JB.
- Hola, ¿qué tal?, respondí.
- Y...como se puede, son tiempos difíciles, ¿vió?
- Si, la verdad que sí.
- Che, Raquel, este tiene pinta de melómano, como yo.
- Sí, de hecho, soy músico (¡¿para qué abrí la boca?!)
- ¿En serio? Muy bueno. Yo soy del palo del jazz, ¿y vos?
- Soy más del rock, del progresivo, aunque el jazz también me toca de cerca.

Al parecer, no se esperaba que fuera tan categórico. Y sí. Nos separaban 20 años de experiencia absoluta y sus canas entreveradas con el pelo grisáceo que caía a los lados de su rostro trabajado por el paso del tiempo y el ácido contrastaban con mi mirada un poco perdida a esas horas de la tarde en una situación que se ponía cada vez más bizarra y entretenida. Su cara no dejaba de esgrimir una sonrisa tenue acompañada de unos ojos achinados y un tanto atravesados por el sueño.

Raquel me sirvió el café que había pedido y me dispuse a sentarme en una de las pocas mesas que había en el lugar. JB seguía cada uno de mis movimientos. Una vez que me senté y vertí la primer cucharada de azúcar sobre el café negro, me preguntó: "¿Puedo?", señalando la silla que estaba justo frente a mí, "¿puedo, please, sentarme?". Sí. Lo dijo mitad en inglés, mitad en español, true story.

Comenzamos una charla ferverosa, sentía que me ponía a prueba todo el tiempo, con nombres cada vez más complejos, músicos que cada vez conocía menos y una creciente afición por pronunciar los nombres en inglés de tal forma que su comprensión fuera azarosa. Comenzó preguntándome por Mike Oldfield. "sí", le digo, "el de Tubular bells". El tipo no la podía creer. Un pendejo de 25 años que le dijera que lo conocía. Desde ahí arrancó y no paró más: Jethro Tull, la Electric Light Orchestra, el flaco, Charly, Genesis, Pink Floyd, Deep Purple, Miles Davis, Thelonious Monk, volvimos por Manal, La pesada de Billy Bond, Crucis, nos volvimos pa'l norte con Chick Corea, Herbie Hancock, los clásicos como Debussy, Stravinsky, Beethoven y hasta un poco de Bach.

Debo admitir que el tipo tenía cierta facilidad para hilvanar todos los temas de tal forma que pareciera una buena historia bien contada. Del rock al jazz, de la política a la filosofía (donde también osaba pronunciar algunos nombres por la mitad), a la literatura (se hacía llamar "el proletario que lee Cortázar").

"¿Y Zappa, que te parece?", preguntó de sopetón, como quien no quiere la cosa o no se espera el pelotazo en la cara. "Y...digamos que aún no lo digiero", respondí. Ahí noté su primera  expresión de disconformidad. "Escuchalo, escuchalo de verdad y después me decís". Todavía no le hice caso.
"Y Malosetti...y Salinas...no, ninguno me gusta, no me parece que toquen". Daba respuestas donde no había preguntas (porque jamás me cuestionaría si esos tipos tocan o no, pero bueno, digamos que por amor al arte de relato que se estaba gestando lo dejé seguir con sus aseveraciones cada vez más osadas).

A todo esto, me pregunta donde vivo. "En Palomar". "Ah", dice, "en donde están los chetos pobres". Le aclaré que debería estar pensando en Ciudad Jardín, le aclaré que yo era del otro lado de la vía pa' poderla pasar (guiño, guiño), del Palomar - Palomar. Mis aclaraciones no importaban, el seguía fiel a su relato. Yo seguía siendo un cheto pobre. "Ah y tocás el piano, ¡qué obra difícil de tocar debe ser Desarma y sangra! ¿dónde estaba, en Bicicleta?". "Sí", dije, "en Bicicleta". "Ah, me estabas poniendo a prueba, wacho, ¿no?".

Te aseguro que no, y a vos tampoco. La semana que viene sigue la segunda parte.


G.-

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Rieles con nieve



Buenas tardes!

Les traigo otra composición original. Simple, sutil. Para ir finalizando el invierno en esta parte del globo.

Rieles con nieve. Un relato intimista de lo que somos todos en algún momento de nuestra existencia. Disfrútenlo. O no. Cómo prefieran.


G.-

lunes, 20 de agosto de 2018

Sueños

Anoche soñé con vos,
con que éramos uno los dos,
donde podíamos ver que la diáspora infernal del invierno
se convertía en escarcha sólida ante nuestros ojos.

Recuerdo cuando nos cruzamos por primera vez
y eras aún nadie para mí
y yo ni siquiera alguien para vos
y de repente la ventisca nos trajo momentos,
algunos fugaces, otros eternos.

Vos me llenabas de preguntas
y yo de certidumbres,
como esas de las que la filosofía se nutre,
que son alterables, múltiples, disímiles, confusas.

Quisiera conocerte de verdad
sin pensar que todo terminaría en el momento exacto
en el que contamos las horas para vernos,
los días para dejarnos
o los recuerdos para olvidarnos.





G.-

lunes, 6 de agosto de 2018

Ojalá

Ojalá pase algo que me borre de pronto,
Una luz cegadora,
Un disparo de nieve,
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte...


G.-

miércoles, 25 de julio de 2018

Revolutionary Road


Muy buenas! Esta vez les traigo la música de una hermosa película. Me encargué de sacar de oído, transcribir y grabar todo lo que se escucha en el video que aparece más arriba. La música original es del compositor Thomas Newman. La película se llama Revolutionary road (traducida al español como "Sólo un sueño") con los actorazos de Leo Di Caprio y Kate Winslet.

La música es extremadamente profunda, íntima, así como ambigua. No se deja asir en ningún momento, siempre te deja esperando que suceda algo más y de pronto...

No se realizó ningún tipo de sincronización entre el video y la música, simplemente la grabé y luego busqué el trailer de la película (por eso incluye todos los títulos de las productoras participantes) y los amalgamé.

Espero que haya sido productivo mi trabajo y que puedan compartirlo, comentarlo o aunque sea escucharlo y poder disfrutarlo.

Salute!


G.-

lunes, 23 de julio de 2018

Noche



Buenas nuevamente, amigues! ¿Cómo va? Ahora les traigo otra pequeña composición original, titulada Noche. Sigue la misma línea que Tarde, sólo que...bueno, de noche. Con un poco más de emoción y fuerza, ya que evoca la adrenalina de una noche cualquiera en una ciudad cualquiera de un mundo cualquiera.

Cualquiera todo esto, ya.

Espero que lo disfruten, nos estamos viendo pronto, salute!


G.-

viernes, 20 de julio de 2018

Tarde



Hoy les comparto Tarde, otras de mis composiciones originales para visuales.

De a poco va tomando forma la cosa y se van afianzando estas herramientas que fui adquiriendo con el tiempo. La música, como el cine o las artes visuales son formas de transmisión, de comunicación sobre todo.

Espero que esto que compuse - sencillo, modesto - pueda transmitirles algo, aunque sea un poco de paz en esta vida cada vez más alocada que llevamos como sociedad.

Salute!

G.-

miércoles, 18 de julio de 2018

Distopía


Todos vivimos en una realidad paralela constante. Ahora te traigo una composición original sobre ese futuro distópico que vemos todo el tiempo en el cine y que sin embargo se parece más a nuestra realidad que a otra cosa.

Espero que lo disfrutes, lo comentes, lo compartas o lo que sea.

Salute!


G.-

martes, 3 de abril de 2018

Aún soñando

Imagen: Marcelo Anselmo
Música: Gabriel Rossini


Esta es la historia de un amigo. De un hermano. Esta es mi historia también, porque me hice uno con él y nos fundimos en un único mensaje. Aquel que reza sobre la nostalgia profunda de lo no vivido. Aquel sueño inalcanzable de entreverarnos con el mar, nadando hacia la luz. 

Pensamos una y otra vez sobre las formas que tenemos de amar. Las formas en las que el amor se nos presenta y nos interpela. Para mí, el amor es la música y sus múltiples interferencias en la vida: cuando te eriza la piel, cuando te hace llorar, cuando te hace sonreir o gemir de placer. Las múltiples formas del amor son las múltiples formas de la música y de las imagenes que ella provoca en nuestras cabezas. 

Tantas veces pretendemos abrazar esta vida sin abrazarnos a la música, sin darnos cuenta que lo único que nos sigue salvando de la peste de la muerte es el triunfo de la música. Ella siempre gana, porque no tiene oponente alguno. Nada ni nadie puede parársele en frente y darle pelea, porque nos atraviesa de lleno por arriba y abajo, por los lados y directo hacia el alma. 


G.-

martes, 27 de marzo de 2018

El nacimiento del Ave fénix

Primera parte.
El nacimiento del Ave fénix. De por sí, es una paradoja, ya que el momento de su irrupción en el mundo coincide con el de su desvanecimiento y la consecuente conversión en cenizas. Paradoja, como la de toda nuestra existencia junta, apelotonada en una frase o en un conjunto de sonidos.

De esa forma se vuelve sempiterno. Es decir, es un ente que tiene comienzo pero no final. Aunque también podríamos discutir si acaso no es eterno. ¿Cómo saberlo? Como la paradoja del huevo y la gallina, no sabemos qué fue primero: si el fuego y la muerte o las cenizas y el renacer impertérrito.

Composición original. Disfrútenlo.





G.-

sábado, 27 de enero de 2018

Aviso de muerte

Ya no hay cartas suicidas. Ahora se anuncia por redes sociales. La persona, simplemente, se va, se sumerge en esa vorágine descontrolada de goce perpetuo y satisfacciones inmediatas.

Mientras más se enteren, más efectivo es el mensaje. ¿Qué pasará por su cabeza en ese momento? ¿Acaso pensará en qué otra foto ha de subir mañana? ¿Nunca te lo preguntaste? Creo que todos lo sabemos. Sino, no se explica este circo de la muerte diaria a la que asistimos, sin preaviso, todos los días de la vida. A cada momento que pasa, nos matamos un poquito más. Ya nada queda.

Sólo polvo. Sólo silencio. Sólo olvido. El tiempo es de quien lo gasta y, como tal, nunca es, porque el tiempo se nos esfuma de las manos en el mismísimo instante en el que intentamos - siempre infructuosamente - asirlo.

Sin embargo, quedamos. Quedamos solos. Desvalidos de nosotros mismo.




Imagen de Think Lumi (https://www.instagram.com/thinklumi/)



G.-