jueves, 27 de febrero de 2020

Progresión de Acordes estilo Neo Soul / R&B

¡Buenas! Acá les comparto lar partitura con el cifrado en PDF para que la puedas descargar y tocar, solo tenés que ingresar al vínculo de Drive que figura acá abajo:


miércoles, 5 de febrero de 2020

Pandemia - Epic Intense Agressive Music

Cuando parece que viene el fin del mundo por una pandemia más, podemos escuchar un poco de música para poner los pies en la tierra otra vez. O podemos correr paranoicamente en todas las direcciones posibles. Como sea, acá seguimos haciendo más música:




G.-

domingo, 29 de diciembre de 2019

Reencuentros

Hace algún tiempo atrás solía escribir con mayor asiduidad. La continuidad entre palabra y palabra se me tornaba menos ociosa que ahora y un vendaval de oraciones sin freno se me atiborraba en la cabeza, listas para salir y plasmarse en un escrito. Sin embargo, ahora se me juntan muchas ideas al mismo tiempo, se apelotonan como queriendo salir y terminan por consumirse unas a otras. De esa síntesis medio rara, medio a los empujones, aparecen algunas cosas con claridad:

- Si algo sale mal, vale la pena repetirlo.

- Si algo sale bien, la alegría nos permitirá reintentarlo.

- Si algo se estanca, vale recordar que todo alrededor sigue fluyendo.

Porque, en definitiva, toda esa batahola de pensamientos que se dibujan como esquemas poco audaces en la cabeza, terminan siendo el caldo de cultivo para ideas más fructíferas. Ideas que se convierten en práctica. Porque no alcanza con la práctica del Pensar cuando uno es puro Hacer. Y si, como decimos hasta el hartazgo, uno es lo que hace, entonces podremos hacer cosas cada vez más detalladas, más pulidas, más hermosas y más placenteras. Pero no en el sentido del placer por el placer mismo, como el de esa idea maldita que anda dando vueltas y que nos dice que debemos disfrutar de y por todo. Y si quiero estar mal, ¿qué pasa? Y si necesito un momento de malestar, ¿qué pasa? Y si necesitamos hundirnos para renacer, ¿qué pasa? Creo que lo que pasa es el miedo. Y está bien que así sea. Porque, en definitiva, se trata de eso: de que el miedo pase y se vaya por el lugar contrario desde el que vino. Debe tener continuidad, como la línea del símbolo del infinito que no reconoce ni principio ni final, pero se sabe eterna en su perseverante andar, que no se limita a ser la Totalidad, sino más bien intenta dejar de ser lo que era, para comenzar a ser lo que quiera.


Imagen: Brassai

Así, en cada reencuentro con el escribir, aparece algo nuevo; asoman desde el alba nuevos horizontes que posibilitan que las ideas se reciclen o, mejor aún, se resignifiquen y logren forjar en mí y en vos (que ahora leés estas palabras) alguna conmoción, que nos muevan para algún lado, que nos permitan tejer los hilos de nuestro destino no escrito, para lograr que la inconmensurabilidad del hastío se convierta en un vago recuerdo de lo que nunca debió haber sido.

Luego de eso, nos reencontramos, una y otra vez, en el mismo lugar, de distintas maneras, siendo siempre lo mismo, pero no lo igual. Porque cambiamos. Ahora somos mejores. Ahora nos miramos a los ojos durante dos o tres segundos más y eso es la totalidad. Porque el Todo es la mirada, que interpela, que busca, que no encuentra, que sigue buscando, que incomoda y que se acomoda lejos cuando no sabe cómo dejar de mirar.


G.-


miércoles, 28 de agosto de 2019

El día de la fecha

Hoy es uno de esos días en los que querés que deje de haber días,
donde las cosas se amontonan en tu living
y no sabés dónde ponerlas
o como si fuera fácil
soltar lo malo.

Hoy es de esos días
donde todo parece más difícil,
perdemos el rumbo de la costumbre
y vamos a encontrarnos con desvelos nuevos
que nos quiten el sueño y las ganas de ser todo lo que queremos.

Pero lo importante es que te veo
y ya no me sonrojo ni tiemblo,
tan solo intento ser mejor
que el agua del florero,
el dolor de tu cuerpo.

Nos arrimamos
de a poco, como la hora
de vernos alejarnos otra vez,
justo cuando empezaba a entender
que vos y yo somos lo mismo, con distinta piel.


@gaborossini



viernes, 1 de febrero de 2019

Overture



Les traigo una nueva composición original, esta vez en piano solo y tocándolo para todes ustedes. Pasate por mi canal de YouTube y fijate los otros videos que tengo. En los próximos días estaré compartiendo otros más.


G.-

sábado, 8 de diciembre de 2018

Resaca de domingo por la mañana



Todos nos aventuramos en las penumbras de nuestra conciencia con el fin de desencadenarnos del dolor y de todo lo que nos pueda hacer mal. Sin embargo, muchas veces nos encontramos con ramificaciones y altibajos que socavan nuestras intenciones. Es en ese momento cuando ingresa la música, nos libera y nos invita a luchar por lo que mas queremos.

Estas palabras quedarán arrojadas al vacío, como cualquier atisbo de acercamiento que pueda desenmarañar desde mi cabeza hasta mis manos. 

Quién sabe si alguno de estos días, alguna de estas noches, nos veremos otra vez.



G.-

martes, 13 de noviembre de 2018

El día en que conocí a la Tota Santillán

El domingo pasaba como resaca, azaroso en su andar, predilecta jornada de reminiscencia y redención. Después del típico asado (en su versión reducida, al horno, sin ensalada ni achuras, debido a la crisis que azota este suelo nuestro), me dediqué a observar la nada. Es curioso que uno se encuentre en ese estado en el que no pasa...Nada. Vivimos tan eufóricos y tan en "el momento de la cosa" que se nos pierde de vista todo lo que no es efímero o instantáneo: el aleteo de un colibrí, el canto silencioso de un malvón, la sombra taciturna del parral o la quietud inquebrantable de tu mirada.

A vos, que mirás estas palabras como desnude, como desvestirse, como inmolarse en el silencio, o en el hastío, o en las mil y una cosas que se te pueden cruzar por la cabeza. A vos, que pensás que no hay nada, cuando en realidad lo está todo. A vos, que sin miedo a perderte una y otra vez en vos mismo, respirás profundo, te levantas del sollozo mortuorio de tu cama y te dignás a intentarlo una vez más.

Eran casi las cuatro de la tarde y con T. buscábamos un lugar por Ramos donde sentarnos a tomar algo y charlar sobre unos libros. Lo que me da pie para declarar que existen varias formas de zafar un domingo atacado por la tormenta primaveral y el odio de estos tiempos: una birra (o dos, o más), mucha música, unos versos al aire, un superclásico, la Tota Santillán. Y más aún cuando todo eso ocurre al mismo tiempo, en el mismo lugar.

Era imposible escapar de la devoradora de esperanzas: en todo espacio físico accesible había una televisión transmitiendo el partido de Boca - River. Mas, ¿para qué escapar de un superclásico cuando podemos fundirnos con él y sacar provecho de su existencia?

Decidimos entrar en un bar que estaba ubicado en una esquina, luego de haber girado por algunos otros lugares sin mucha suerte. La planta baja estaba llena de adultos mayores, tomando café, con mucho calor. El ala derecha del entrepiso estaba llena de hinchas de uno y otro bando, mientras que el lado izquierdo estaba casi vacío, hacia ahí nos dirigimos. La ventana daba a la calle y se podía apreciar cuán opaco podía ser un día de esos en los que una combinación grotesca de eventos hacen que una ciudad cosmopolita se convierta en un pueblo fantasma. Por los altavoces relucía la voz inconfundible del típico relator de partidos de fútbol, con sus ademanes de proeza heroica y su benevolencia patriarcal hacia las jugadas de menor vuelo.

Con T. teníamos mucho calor. La humedad calaba hondo en el alma y en nuestros cuerpos. Aún no eran las cinco de la tarde para aprovechar una promoción de litro, eso a lo que popularmente llaman happy hour. Así que decidimos esperar la contienda etílica con una botella de agua para los dos. True story.

Sacamos un libro, sacamos otro, anotamos qué íbamos a hacer, qué íbamos a decir, cómo nos íbamos a deconstruir y cómo de ese menjunje haríamos un hermoso trabajo juntes. Más temprano que tarde, habíamos resuelto todo. Sabíamos lo que había que hacer y cómo hacerlo (o al menos eso creíamos y ya era suficiente). La verdadera charla comenzó después, cuando ya no había ademanes advenedizos ni comentarios fugaces. El partido ya había terminado y por los altavoces sonaba la inconfundible voz de Bob Marley. Discutimos un rato sobre eso. Intentamos averiguar qué tema era y lo diferenciábamos de otro. Lo inconfundible era la persistente, inclaudicable guitarra rítmica que marcaba con fuerza los contratiempos del reggae.

La deconstrucción del amor romántico fue un tema clave en nuestro mitín. Somos vidas marcadas por nuestras formas de ver el mundo y sobre todo por cómo queremos incidir en él. Su perspectiva de transformación de la realidad me pareció simplemente hermosa, sincera, total. Admito que me quedé sin palabras. A la crudeza de una realidad sin igual le opuso la esperanza más firme y convencida en la transformación de lo que está como está.

Volvimos a la música sin habernos ido nunca y tanto la mirada almibarada de T., como sus palabras, fueron taxativas: "Como músico, uno es como es". Se desnuda ante el resto. Se muestra de la forma que es, esencialmente. Y muchas veces ese grado de exposición profundo que provocamos con nosotros mismos, no es percibido. Sin embargo, confío en que es un acto de transformación y de justicia poética nuestra labor en y con la música.

T. se levanta para ir al baño. Vuelvo a mirar por la ventana, la noche cayó sobre nosotros y la gente salió a la calle. En eso, entra un hombre corpulento y se sienta en uno de los sillones que estaban a mi derecha. Cae con dos tipos más y una mujer. Su voz, sus ademanes y su andar eran inconfundibles. La Tota agarra el teléfono y se pone a hablar casi a los gritos sobre un programa o una obra policial, no sé, por un momento pensé que hablaba de él mismo cuando decía "yo nunca caí preso, hermano. Estoy limpio". Vuelve T., nos miramos queriendo creer en las casualidades del universo.

Terminamos la segunda cerveza y salimos caminando por la puerta principal.





G.-