lunes, 9 de diciembre de 2013

Solo resta resistir...

¿Sabés lo que es anhedonia? Anhedonia es un lugar donde las cosas no están ni mal ni bien, sino donde apenas pueden llegar a estar. Anhedonia es un lugar donde el día es noche, mientras la noche se hace día y todo vuelve a ser así, una y otra vez, sin resquemores ni lamentos, lo mismo, lo igual. Anhedonia es aquel lugar donde no es posible experimentar placer alguno. El placer está dado por el displacer; se produce una suerte de entrecruzamiento entre lo que nos hace bien y lo que nos hace mal, siendo esto último lo que prima...

Anhedonia surrealista es un lugar donde los sueños del displacer se hacen realidad y en donde lo que está lejos y profundo en el abismo de nuestras sinrazones, se hace carne, se hace texto, para que vos, yo o el que sea, haga de sí, uno mismo y no otro distinto de sí. Ser uno solo consigo mismo, sin ser otro, a la vez que se es otro contra sí mismo, para poder reconocerse y verse tal y como (cree que) es. Somos ilusiones trípticas de aquello que queremos ser: sea por un motivo o por otro, somos en realidad figuras resquebrajadas que se vuelven a entretejer, de aquello que soñamos ser, sea para bien o para mal, es decir, o somos más de lo que esperábamos o somos una sanguijuela de nuestros sueños, siendo totalmente improductivos para nuestra vida. Es ese – y no otro – el motivo por el que caemos una y otra vez en la desdicha triunfante del desasosiego, del arrepentimiento, de la melancolía y la vergüenza de lo que hemos hecho de (y por) nosotros.

El surrealismo es, quizás, el desorden cósmico más organizado y racional que existe, en la medida en que lo que de nuestros sueños emerge, Es. Y ahí no habita más que la pura razón (no así la razón pura), porque es nuestra cabeza la que fabrica semejantes monstruos o semejantes ilusiones.


Imágen: Magritte

Y no hemos de condenarnos por lo que somos ni por lo que queremos ser. Sólo queda una salida: ser la mejor versión de nosotros mismos, porque no hay ni mejores ni peores. Hay seres en litigio, en pugna, en colaboración, en unión, en libertad o enjaulados (en cualquier tipo de prisión). Desde el momento en que reconocemos que somos, se produce un pasaje entre lo que deseamos ser y lo que efectivamente somos. Es en el mutuo reconocimiento en el que se elabora la personalidad; necesitamos del Otro en tanto que Otro. Ahora bien, si ese Otro es un Ogro para nosotros y no un Origen del acercamiento mutuo, entonces la personalidad ha de ser una especie de refugio de la no personalidad, en la medida en que no somos más que aquello que no queremos ser, en tanto y en cuanto el Otro nos ha puesto la mano encima.

No hay más límites que los que uno se proponga. Siempre hay condicionantes materiales que a uno le obligan, en cierta manera, a pintar de forma un poco más amena sus límites... pero lo crucial, es nunca doblegarse, ser firme y decidido en su camino. Las únicas comas del texto, serán aquellas que nos den un respiro para seguir camino.

Siempre queda algo para decir,
Siempre hay algo más,
Siempre en busca de más...