miércoles, 25 de junio de 2014

Apariencia

La angustia no tiene fondo.

Los manuscritos están dispersos sobre la mesa. Las hojas forman una suerte de yenga embravecido que clama piedad a gritos. Los libros no son más que pelotones de infantería pesada dotados de desasosiegos infranqueables y penas lastimosas.

Las horas pasan y el reloj da las siete de la tarde. El sol ya cayó y la noche se hace presente como estela pura de olvido y de perdón. Perdón.

“El tiempo es un bien escaso”. Y a veces la gravedad es un mal necesario, para saber que aún tenemos los pies en la tierra y la cabeza en el aire.



Imagen: Gravedad zero. Nikolay Tikhomirov


G.-

viernes, 20 de junio de 2014

No sé

No sé porqué vuelvo al mismo lugar en el que los sueños desfallecen y se hacen uno con el correr del río. No sé porqué respiro lo que se respira, aún cuando se sabe que no ha de respirarse.

Tan solo una pausa y todo quedará hecho trizas.

No hay instantes ni solsticios que alcancen para poder decir lo que sobra o estructurar lo que falta. Nadie sabe. Todos sabemos.



Mi cabeza divaga. Un paso. Dos. Quizás… quizás ni siquiera uno. Y así volvemos al primer casillero.

¿Hasta qué punto me pertenezco? ¿Hasta que punto soy yo y no otro que no sé que soy? Siempre son las mismas preguntas. Siempre las mismas cuestiones. Siempre. Siempre, ¿cuándo?


Esta noche, realmente, no sé. 


G.-